lunes, 2 de enero de 2012

Metal.


Desde que empecé a escuchar heavy metal mi vida cambió considerablemente, y quienes me acompañaron durante ese cambio saben más que nadie que así es.
Me ayudo a tener más confianza en mí misma, a sacar cosas que tenía guardadas, a dejar un poco de lado la vergüenza, a conocer más gente y saber con mayor exactitud quienes deben quedarse en mi vida y quienes deben seguir de largo.
No todos los días me visto de negro y no tengo más de tres remeras de mis bandas favoritas, aún no se mucho de muchas bandas, hay miles de bandas que no conozco…pero esto no me hace más o menos metalera. Me encanta el metal, en el encontré refugio, me siento bien llevando este estilo de vida.
Hago radio junto a dos personas muy buenas, unos buenos amigos. La radio es mi cable a tierra, me desconecto del mundo por un rato...

Si el metal no te provoca esa arrolladora sensación de poder, y no hace que se te ericen los cabellos de la nuca, tal vez nunca lo comprendas. (“A Headbangers Journey”, Sam Dunn) 



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